La industria textil argentina atraviesa su momento más crítico de los últimos años. Los números que publicó el INDEC sobre noviembre de 2025 no dejan margen para el optimismo: el sector utilizó apenas el 29,2% de su capacidad instalada. Traducido a la realidad de las fábricas, el dato es una fotografía del parate: hoy, de cada diez máquinas disponibles para producir, siete están apagadas.
Si bien la industria manufacturera en general mostró un retroceso —operando al 57,7% en promedio, frente al 62,3% del año anterior—, el rubro textil se despega del resto como el más golpeado, perforando el piso de actividad y encendiendo todas las alarmas sobre el futuro inmediato del empleo en el sector.
La «tormenta perfecta»: recesión y apertura
Detrás de las máquinas paradas hay una doble causalidad que asfixia a los productores locales. Por un lado, el mercado interno se ha achicado drásticamente. Con el poder adquisitivo golpeado, la indumentaria ha pasado a ser un gasto postergable para las familias argentinas, lo que frenó en seco los pedidos a fábrica.
El propio INDEC, a través del Índice de Producción Industrial (IPI), puso cifras a este derrumbe interanual en noviembre:
La fabricación de tejidos y acabados cayó un 43,9%.
La producción de hilados de algodón retrocedió un 37,1%.
Pero a la falta de ventas se le sumó un competidor de peso: la presión importadora. A partir del Decreto 236/2025, el Gobierno nacional redujo aranceles para tejidos y confecciones buscando bajar los precios al consumidor. El resultado fue un ingreso masivo de mercadería extranjera.
Un informe de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI) señala que, en el primer cuatrimestre de 2025, las importaciones crecieron un 120,9% en cantidades respecto al año anterior, con China como el gran protagonista al ofrecer precios unitarios con los que la industria local no logra competir.
El impacto social: el caso TN&Platex
Las estadísticas macroeconómicas ya tienen nombre y apellido en las plantas industriales. La caída en la producción derivó en recortes de turnos, adelanto de vacaciones y, finalmente, suspensiones.
El caso testigo de esta crisis es TN&Platex, una de las firmas más grandes del país en el rubro. En los últimos días, la empresa cerró una de sus plantas en Tucumán y suspendió a 190 trabajadores. La decisión, argumentan en el sector, no es aislada, sino el síntoma de una ecuación que dejó de cerrar: sin ventas y con los depósitos llenos de stock que no rota, mantener la estructura productiva se vuelve inviable.
Mientras el Gobierno sostiene que la competencia externa es necesaria para disciplinar los precios internos, los industriales advierten que el costo se está pagando con tejido industrial y puestos de trabajo. Con un uso de capacidad instalado que no llega al 30%, el sector textil se pregunta cuánto tiempo más podrá sostenerse con las persianas a media altura.







