El esperado mensaje de Javier Milei ante la Asamblea Legislativa dejó un sabor amargo en los pasillos de las cámaras industriales. En una alocución de más de una hora, plagada de chicanas y definiciones ideológicas, el mandatario confirmó que la «industria nacional» —al menos tal como se conoció en el último siglo— no forma parte de su hoja de ruta económica para el año que comienza.
El «fetiche» bajo ataque
Lejos de anunciar líneas de crédito, incentivos fiscales para la producción o moratorias para las Pymes asfixiadas, Milei redobló su ofensiva contra el sector. El Presidente fue tajante al hablar de la «trampa del fetiche industrialista», argumentando que el modelo de sustitución de importaciones solo generó una industria «cara e ineficiente» que sobrevive gracias al «saqueo» de los contribuyentes.
Para el jefe de Estado, la protección arancelaria no es una herramienta de desarrollo, sino un «acto criminal». En uno de los tramos más tensos de su discurso, apuntó directamente contra grandes figuras del sector —a quienes llamó «cazadores del zoológico»— por los precios de los neumáticos, los textiles y los tubos de acero.
Ni una medida de alivio
A pesar de que el sector manufacturero viene advirtiendo sobre la pérdida de puestos de trabajo y la capacidad instalada ociosa, el paquete de «10 reformas estructurales por ministerio» que anunció el Ejecutivo no contempla capítulos de fomento industrial. Los anuncios se centraron en:
Reforma del Código Aduanero: Para agilizar y profundizar la apertura de importaciones.
Apertura comercial indiscriminada: Ratificación de acuerdos con EE.UU. y la Unión Europea sin cláusulas de salvaguarda para la producción local.
Baja de retenciones (condicionada): Solo para el sector agropecuario y en la medida en que el superávit lo permita, dejando fuera de la prioridad a los bienes con valor agregado.
«Viejas» vs. «Nuevas» industrias
El diagnóstico oficial es crudo: el Gobierno parece haber extendido un certificado de defunción a la industria tradicional para apostar todas sus fichas a los sectores extractivos y de servicios tecnológicos. Milei aseguró que las «viejas industrias» serán reemplazadas por la minería de litio, la energía de Vaca Muerta y los data centers de Inteligencia Artificial en la Patagonia.
Sin embargo, para los analistas y referentes del sector, el discurso omitió un detalle clave: la transición. Mientras se espera que esos nuevos sectores maduren, la industria manufacturera —que genera la mayor parte del empleo privado en los cordones urbanos— quedó a la deriva, sin un solo incentivo que le permita sobrevivir a un mercado interno deprimido y a una competencia externa que el propio Gobierno prometió acelerar este año.







