El faltante de gas y las restricciones en el suministro durante los primeros fríos han reinstalado un crítico debate sobre la infraestructura energética nacional y su impacto directo en el sector fabril. Francisco Gliemmo, ingeniero químico y presidente honorario de la Unión Industrial del Gran La Plata, lanzó duras advertencias sobre la ausencia de políticas de Estado que permitan sostener la actividad productiva ante los picos de demanda invernal.
«Si no tenemos políticas de Estado, somos los únicos seres que tropezamos con la misma piedra cien veces», sostuvo Gliemmo en diálogo con El Día de La Plata, enfatizando que la falta de previsión es un problema que arrastra el país desde hace más de dos décadas. Al respecto, recordó que ya en 2004 el sector industrial alertaba que, sin una adecuación del sistema energético, el crecimiento económico encontraría un techo infranqueable.
El dirigente industrial puso el foco en la necesidad de establecer un orden de prioridades claro ante situaciones críticas de abastecimiento. «El hogar es la prioridad número uno, pero en segundo lugar deben estar las industrias, porque si paramos la producción, paramos el sistema productor de la región y del país», sentenció.
Un punto de particular preocupación es la situación operativa del Gran La Plata. Según Gliemmo, la región enfrenta una desventaja competitiva específica debido a las condiciones de suministro de la distribuidora local, que entrega menores volúmenes en comparación con otras zonas, configurando lo que calificó como una «competencia desleal».
La interrupción del servicio, advirtió, no solo supone una pausa operativa, sino que en industrias de procesos continuos —como los casos de Copetro, Fanelli y Ctibor— implica daños estructurales y sobrecostos significativos. «Hay industrias donde se para un horno y después volver a poner en marcha ese proceso demanda muchísimo tiempo. No es simplemente apagar y prender una máquina», detalló el ingeniero.
Finalmente, Gliemmo cuestionó la paradoja de un país con amplios recursos naturales que termina importando gas a precios internacionales elevados cuando llega el invierno. «Lo que se termina pagando afuera vale muchas veces más que el costo interno, y eso después impacta directamente en la producción y finalmente en el bolsillo de la gente», concluyó, llamando a la conformación de una mesa de trabajo que trascienda las gestiones de gobierno para definir, con sentido común, una estrategia de largo plazo.






