La Avenida Corrientes perdió esta semana una de sus postales más tradicionales. El Palacio de la Papa Frita, el icónico establecimiento ubicado al 1600 que alimentó a generaciones de porteños y turistas durante más de 70 años, parece haber bajado sus persianas de forma definitiva.
El martes 3 de marzo, la escena sorprendió a propios y ajenos: el frente del local amaneció completamente tapiado con chapas. Lo más dramático fue la situación de los trabajadores, quienes, según testimonios de vecinos, se toparon con la estructura metálica al llegar para iniciar su jornada, sin previo aviso oficial por parte de la empresa.
Radiografía de una crisis de consumo
Aunque el cierre definitivo aún no cuenta con un comunicado formal, los indicios en el local son elocuentes:
Cartelería removida: Los menús y precios fueron arrancados de la fachada.
Inactividad digital: Sus redes sociales no registran movimientos desde hace años.
Contexto recesivo: El restaurante venía sufriendo una fuerte caída en el consumo, profundizada por el cambio de hábitos tras la pandemia.
Ya en 2019, la firma había mostrado signos de debilidad al cerrar su sucursal de la calle Lavalle. Si bien el local de Corrientes resistió los embates del COVID-19, el volumen de clientes actuales estaba lejos de sus «épocas doradas», cuando las mesas se llenaban al finalizar las funciones teatrales bajo el lema: «Donde siempre son las 12 para comer».
Un menú de alcurnia y técnica
Distinguido como Restaurante Notable por el Gobierno de la Ciudad, el Palacio no era solo un local de comidas, sino un museo vivo de la técnica culinaria. Sus famosas papas fritas soufflé —infladas como «zeppelines»— requerían una precisión casi científica: un corte exacto y una fritura en tres temperaturas distintas.
Por sus mesas desfilaron figuras de la talla de:
Presidentes: Arturo Frondizi y Arturo Umberto Illia.
Artistas: Ástor Piazzolla, Celia Cruz y Julio Iglesias.
«Fue el único del mundo con la cocina a la calle: los cocineros trabajaban a la vista del público», recordaba un locutor en el video de su inauguración en 1952.
¿Cambio de manos o cierre final?
Pese al panorama desolador, circula una versión en el sector que podría traer algo de esperanza: un importante grupo gastronómico que ya opera en la zona céntrica estaría interesado en hacerse cargo de la marca o del local. Sin embargo, por ahora, son solo trascendidos en un contexto donde el comercio minorista y la gastronomía del centro porteño enfrentan su hora más crítica.
De confirmarse el adiós definitivo, Buenos Aires no solo pierde un plato de papas fritas inigualable, sino un pedazo fundamental de su identidad nocturna y cultural.







