El cierre de la fábrica platense Socolor S.A. tras 23 años de actividad no es solo un balance contable; es el fin de una historia familiar que comenzó en 2003. Pero en el contexto actual, también se ha convertido en una respuesta política y humana a las recientes declaraciones de Mario Grinman, presidente de la Cámara de Comercio.
Grinman había afirmado, en apoyo al rumbo económico del gobierno de Milei, que «algunos vamos a quedar en el camino, pero ese es el precio que hay que pagar para que nuestros nietos tengan una Argentina normal». En diálogo con Reynaldo Sietecase por Radio Con Vos, el actual titular de la firma, Mariano Nicolicchia, se refirió al cese de actividades y disintió con dolor ante esa visión del sacrificio industrial.
El «costo» de una Argentina normal
Para Nicolicchia, la idea de que el cierre de empresas es un paso necesario para el futuro choca de frente con la realidad de quien debe bajar la persiana.
«No coincido, el que diga eso no lo está viviendo en carne propia. Dejar en el camino a una industria y a su gente no creo que sea el precio que haya que pagar», sentenció el empresario en el aire de La Inmensa Minoría.
De 40 empleados al silencio total
Socolor fue, durante dos décadas, un eslabón clave para la industria del electrodoméstico, proveyendo partes para heladeras, lavarropas y secarropas. Sin embargo, el modelo de negocio de sus clientes cambió drásticamente:
Erosión del plantel: En sus años de esplendor (2007-2008), la firma contaba con 40 empleados. El cierre definitivo, este 13 de febrero, se dio con apenas 6.
El quiebre de 2025: A mediados del año pasado, la actividad cayó de forma abismal.
De fabricantes a importadores: Según relató Nicolicchia, sus clientes desaparecieron o directamente dejaron de fabricar. «Los que quedaron se convirtieron en importadores; la fabricación pasó a un plano inexistente».
El drama detrás de la frase
Lo que para los dirigentes de cámaras nacionales puede sonar a una transición estadística, para el dueño de una PyME tiene nombres y apellidos. En la entrevista, Mariano resaltó que en una empresa familiar el vínculo con el trabajador es diario y estrecho.
«Es muy doloroso porque yo conocía el nombre de cada trabajador, hablaba con ellos todos los días. Es feo decirle a una persona que se va a quedar sin trabajo. La decisión fue muy frustrante».
Un presente de soledad
La imagen final de Socolor es la síntesis de una crisis que no entiende de «precios a pagar» a largo plazo cuando el presente se detiene.
«Estoy mirando la fábrica desde una ventana, en silencio, viendo cómo está todo vacío, frenado, y pensando qué hacer», concluyó Nicolicchia.







